7 abr. 2012

Mientras desciende el sol


Mientras desciende el sol, lento como la muerte,
observas a menudo esa calle donde está la escalera
que conduce a la puerta de tu guarida. Dentro
se encuentra un hombre pálido, cumplida ya, remota
la mitad de su edad; fuma y se asoma
hacia la calle desviada; soríe solitario
a este lado de la ventana, la famosa frontera.

Tú eres ese hombre; una hora larga llevas
viendo tus propios movimientos
pensando desde fuera, con piedad,
las ideas que en el papel pacientemente depositas;
escribiendo, como fin de una estrofa,
que es muy penoso ser, así, dos veces,
el pensarse pensando,
la vorágine sinuosa de mirar la mirada,
como un juego de niños que tortura, paraliza, envejece.

La tarde, casi enferma de tan lejana,
se sumerge en la noche
como un cuerpo harto ya de fatiga, en el mar, dulcemente.
Cruzan aves aisladas el espacio de color indeciso
y, allá al final, algunos caminantes pausados
se dejan agostar por la distancia; entonces
el paisaje parece un tapiz misterioso y sombrío.

Y comprendes, despacio, sin angustia,
que esta tarde no tienes realidad, pues a veces
la vida se coagula y se interrumpe, y nada entonces
puedes hacer contra ello, más que sufrir un sufrimiento,
desorientado y perezoso, una manera de dolor marchito,
y recordar, prolijamente,
algunos muertos que fueron desdichados. 

(Félix Grande - visto aquí)


3 comentarios:

  1. No cuesta reconocerse en estos verso. Todos o todas hemos pasado o pasamos nuestro tiempo mirando esa calle desviada, imaginando lo que sucede más allá de nuestra vista, más allá de nuestra soledad externa que vivimos tan nuestra.

    mis abrazos

    ResponderEliminar
  2. Buscarnos en esa calle difusa y mal orientada ,cuesta vernos, dentro de esa habitaciòn donde el tiempo ya no transcurre.

    un abrazo

    fus

    ResponderEliminar
  3. Cuando fue publicado este poema?

    ResponderEliminar

Si no me dejas un comentario, no morirá un patito ni caerán chuzos de punta, pero me hará una ilu...


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